Yoshi, de aprender euskera en Osaka a ser la imagen de la gastronomía vasca

Se hizo popular con un anuncio de cervezas en redes sociales. Yoshi, un japonés imbuido de la cultura vasca del pintxo, de las tabernas, de los bares y de la cuadrilla. No era un actor, sino un chef, aunque hubo una selección para elegir al candidato. Poco después del spot, recibió una estrella Michelin por su restaurante Alarde en Osaka, Japón, donde está al frente de los fogones. No se debió a la exposición mediática, sino a su talento y si acaso, a uno de su mentores en España, el chef Gorka Txapartegi, al frente de Alameda, quién le enseñó en su restaurante, pero antes de que la guía francesa lo incorporara hace unas semanas a su firmamento, lo redescubrieron Nagore García y Santi Hernández, de la agencia Dimensión, responsables de la campaña de Keler, quienes hicieron de él la imagen de la cultura gastronómica del País Vasco.

“Queríamos contar la esencia de esa cultura gastronómica donostiarra desde un punto de vista internacional, porque llega a mucha gente fuera de España y aunque no hubo casting propiamente dicho, sí teníamos en mente una serie de posibles candidatos, entre diez y veinte, de distintas partes del mundo que pudieran aunar las dos esencias: provenir de una cultura lejana y al mismo tiempo conocer perfectamente la vasca. Resultó que Yoshi era idóneo, aunque había otros buenos ejemplos”, relatan a Alimente desde San Sebastián.

Pero ¿quién es Yoshi? Hablamos desde Osaka con Yoshitsugu Yamamoto, el nombre real detrás del apodo de la cuadrilla, para ahondar en la historia del ‘japo vasco’ que se hizo popular en España, que ha sido reconocido internacionalmente en Japón con una estrella Michelin y cuya imagen adelantó al mundo la marca de cervezas.

No fue en dos días, más bien tardó muchos años: “Entre 2000 y 2003 estuve en Buenos Aires, donde coincidí con varios cocineros que estuvieron en Zuberoa y Arzak. Ese fue mi primer contacto con la gastronomía vasca. Me gustó tanto lo que me contaban que decidí volver a Japón y trabajar día y noche hasta reunir todo el dinero que necesitaba para ir a Euskadi”.
La fascinación del japonés y su determinación por aprender en el País Vasco no fue en balde: “Trabajaba en lo que podía y lo ahorraba todo, hasta que el día de mi cumpleaños fuimos a cenar a un restaurante, donde coincidí con un grupo de cocineros vascos que estaban de visita en Japón por una feria de cocina que había en Osaka. En ese grupo estaba la hija de Luis Irizar y los Txapartegi, quienes me ofrecieron ir al Alameda”. Se emociona cuando relata la cena que cambió su vida.

“Compraba libros en euskera para familiarizarme con la lengua y también libros de gastronomía vasca”

“Llevaba bastante tiempo intentando acceder a los restaurantes de cocina vasca. Estaba en contacto con los mejores restaurantes, pero no conseguía ir. Compraba libros en euskera para ir familiarizándome con la cultura y también libros de gastronomía vasca. Conocía algunas recetas típicas, como la salsa verde, el arroz con almejas o las croquetas de bacalao y de jamón, y también algunas del resto de la gastronomía española, como la paella o los callos”.

Miniaturas del País Vasco

Después de que Yoshi aprendiera y trabajara con los Txapartegi en Alameda, que mantiene una estrella Michelin desde hace veinte años, Nagore y Santi buscaron a alguien que pudiera encarnar los valores que buscaban para la campaña. “Nos dimos cuenta de que en el caso de Yoshi la vivencia le había transformado hasta el punto de cambiarle la vida, se había convertido en un donostiarra más sin perder tampoco su cultura”, relata Santi, que rodó el anuncio.

“Además nos interesaba el gran contraste con Asia, con Japón en concreto, que es bestial, pero con el que al mismo tiempo existen algunas conexiones”, apunta Nagore, responsable también de la campaña. Es cierto que en muchas ciudades de Japón -Tokio, Osaka- se advierten unos ciertos paralelismos, similitudes gastronómicas, aunque también una gran diferencia. Según Yoshi, en Japón gusta mucho la cocina en miniatura, pero se trata de un tipo de cocina diferente: “La cocina japonesa, en general, es más sencilla, menos elaborada. Pero en Euskadi, los pintxos son alta cocina en miniatura. Buen producto, fresco, cercano, elaborado de forma respetuosa y en el que se reconozcan bien los sabores. El servicio es muy importante, la atención al cliente, explicar bien el plato, qué hay detrás de esa idea. Y por encima de todo, estar muy atento a los pequeños detalles para que todo salga bien”.

Diferencias de sabor

Con la experiencia adquirida en el País Vasco, Yoshi abrió Alarde, que ha sido galardonado ahora con la estrella Michelin, una fusión de la cocina vasca y japonesa en la que se pueden degustar kokotxas, txistorras, pimientos del piquillo o guindillas.¿Qué sabores y platos aprecian los japoneses de España? “Conocen los platos tradicionales de la cocina española y les gusta -explica Yoshi-, pero encuentran la cocina española fuerte y salada. No la consideran apta para todos los días. Debemos tener en cuenta que el japonés es un público que está acostumbrado a una cocina más suave y menos elaborada. La cocina vasca tiene buen producto pero su cocina es más compleja. La mayor similitud con la japonesa es que ambas tienen mucho respeto por los productos de la tierra“.

Yoshi en el spot de cervezas Keler.
Yoshi en el spot de cervezas Keler.

Tras ser la imagen de Donosti, haberse identificado tanto con el País Vasco y formarse allí, el regreso tras el éxito con Alarde no parece próximo: “Ahora mismo no tengo planes de ir a Euskadi, pero me gustaría volver y hacer un stage en Zuberoa. Recomiendo, eso sí, a los chefs Gorka Txapartegi e Hilario Arbelaitz –restaurante Zuberoa“, explica el chef japonés. Santi Hernández y Nagore Garcia, que popularizaron a Yoshi, no se apuntan sin embargo ninguna medalla: “El mérito es suyo, nosotros solo pusimos voz y cara a una de las muchas historias de la diversidad y fascinación de los muchos extranjeros que se inspiran en el País Vasco”. Otra cuestión es que no oculten su alegria porque Yoshi haya sido reconocido y que este protagonizara su campaña. Las historias reales con años detrás de trabajo tienen a veces ese resultado, a diferencia de la pura invención publicitaria.