1.700 millones de euros fue la facturación del sector de casinos y apuestas online en España durante el 2025, según datos de la Dirección General de Ordenación del Juego (DGOJ).
No resulta extraño, entonces, que cada vez sean más los operadores (legales e ilegales) que buscan entrar en un mercado en crecimiento. A continuación, una mirada al fenómeno español, que combina crecimiento con madurez.
Los bonos estuvieron prohibidos, pero hoy son el motor del sector
En 2020, el Real Decreto 958/2020 modificó por completo el mercado. No solamente prohibió los logos de las camisetas en los partidos de fútbol, sino que incluyó, entre otras restricciones, la imposibilidad de ofrecer bonos de casino en linéa y otras promociones en la misma tesitura.
El efecto se notó enseguida y el mercado se estancó. La meseta es visible hasta en los gráficos que presenta la Dirección General de Ordenación del Juego cada año.
Sin embargo, la historia dio un giro cuando en abril de 2024, el Tribunal Supremo anuló varios de los artículos y hoy esas promociones han vuelto al centro de la estrategia comercial del sector.
El dato que lo confirma es que, de los 664 millones de euros que los operadores destinaron a marketing en 2025, casi la mitad fue a parar a bonificaciones. Los giros gratis y los bonos sin depósito han pasado de estar prohibidos a ser la principal herramienta de captación en un mercado muy concurrido.
La lucha por un nuevo jugador en un mercado de crecimiento de dos dígitos
Los números de facturación bruta (GGR) son elocuentes. En 2024, el mercado creció un 28%, hasta los 1.454 millones de euros en GGR. En 2025, el ritmo se moderó, pero continuó arriba. La facturación tocó los 1.701 millones de euros anuales, reportando un crecimiento del 17%.
Dos años consecutivos de crecimiento de doble dígito en un mercado europeo, regulado y maduro, es una baliza que atrae inevitablemente a nuevos competidores.
Los operadores legales, e incluso los offshore, han diversificado sus estrategias de captación por todas las vías disponibles dentro de la legalidad. La publicidad en horarios y canales permitidos, los acuerdos con plataformas de contenido y acuerdos de afiliación han recibido inversiones año tras año.
También se han sumado a la fiesta los sitios comparadores y de reseñas, que orientan al jugador hacia operadores con licencia y ofrecen acceso a promociones especiales. Estos sitios se han convertido en uno de los canales más eficientes para llegar a un usuario que investiga antes de registrarse.
El mercado no regulado, sin embargo, sigue siendo la espada de Damocles, que pende de un hilo sobre el mercado regulado. En 2024 supuso 231 millones de euros, el 16% del valor del mercado oficial, y se alimenta precisamente de aquellos usuarios que no encuentran en los operadores legales la oferta o la experiencia que buscan.
Juegos rápidos y microapuestas: cuando estar a la vanguardia no es una opción
Frente a la competitividad, mejorar la oferta es fundamental, ya que la vara ha subido para todos. Esto incluye tener en catálogo juegos innovadores como crash games, las tragaperras con ciclos de menos de diez segundos.
En el sector deportivo, las microapuestas en eventos en tiempo real, en las que el jugador puede apostar sobre jugadas y no solamente resultados, han modificado el panorama y son la nueva norma. Adaptarse a estos formatos prácticamente no es un diferencial.
El jugador español, cuyo acceso se produce mayoritariamente desde el móvil, demanda partidas cortas y resultados inmediatos. Por ese motivo, los operadores que no han invertido en estos formatos están perdiendo cuota frente a plataformas más ágiles.
Una sala de ensayo para otros reguladores del mundo
Lo que ocurre en España no se queda únicamente en territorio ibérico. Siendo un mercado regulado desde hace más de una década, las decisiones de la DGOJ son tomadas como un «laboratorio de ideas» para otros reguladores, tanto en países de Europa como en territorios latinoamericanos que están construyendo sus propios marcos legales.
En este momento, tres medidas concentran el debate. La más llamativa es la introducción de mensajes disuasorios al estilo de los avisos del tabaco, con probabilidades estadísticas de pérdida y advertencias explícitas sobre juego problemático en toda la publicidad digital y dentro de los propios casinos online.
Las otras dos son el desarrollo de un algoritmo de detección de comportamiento de riesgo (capaz de identificar patrones problemáticos en tiempo real) y el establecimiento de límites de depósito unificados entre operadores, que permitirían controlar el gasto total de un jugador en todo el mercado regulado y no en cada sitio por separado.
El riesgo, como advierten los expertos del sector, es que una implementación mal calibrada acabe empujando a los jugadores de casino y apuestas en deportes hacia el mercado no regulado, donde no existen ni advertencias ni límites ni protección de ningún tipo.






























