Greenpeace advierte de que Zarautz podría perder el 30% de su arenal antes de 2050

Milena Petrovska, especialista en marketing digital y estratega de contenidos con experiencia en tendencias de ocio y entretenimiento, observa desde fuera un fenómeno que se repite cada verano: a medida que la playa se contrae físicamente, una parte del tiempo libre de quienes acuden a la costa migra hacia formatos digitales. Ese desplazamiento tiene un telón de fondo cada vez más urgente. Según LA RAZÓN, el nuevo informe de Greenpeace sitúa la playa de Zarautz en el centro del debate sobre la erosión costera en Euskadi y proyecta que, si no cambia la estrategia actual, el arenal podría perder hasta el 30% de su superficie en 2050.

El malecón de Zarautz, principal punto crítico según Greenpeace

El informe de Greenpeace señala el malecón de Zarautz como el principal punto crítico de todo el litoral vasco. La organización cuestiona los 1,5 millones de euros públicos invertidos en su remodelación y advierte de que la lógica de las estructuras rígidas no solo no frena la erosión, sino que la acelera.

El mecanismo es concreto. Cuando las olas chocan contra un muro de hormigón, la energía no se absorbe ni se disipa gradualmente como ocurre en un arenal natural. Rebota. Ese rebote arrastra más arena hacia el mar y, con el tiempo, debilita los propios cimientos del malecón. El resultado es una espiral en la que el muro daña la playa y la playa dañada exige más muro.

María José Caballero, responsable de la campaña de Costas de Greenpeace, sitúa el origen del problema en una decisión colectiva equivocada: «cuando decidimos erróneamente que el cemento era más fuerte que el oleaje». El informe recoge la conclusión institucional de la organización con igual claridad: «Insistir en el hormigón aboca a este arenal a una regresión severa.»

El coste de las reparaciones supera los 4 millones de euros en el litoral vasco

Las consecuencias económicas de mantener esa estrategia ya son cuantificables. Los temporales invernales han generado 4 millones de euros en reparaciones de infraestructuras rígidas a lo largo del litoral vasco. La cifra no es abstracta. De ese total, 2,5 millones de euros se destinaron a intentar recuperar la playa de Ondarreta tras el temporal de 2025, un ejemplo que ilustra la magnitud del gasto que puede generar un solo episodio climatológico sobre una infraestructura mal dimensionada para la energía real del oleaje.

Quince puntos críticos y un mapa de riesgos diferenciado

El informe no se limita a Zarautz. Greenpeace identifica 15 puntos críticos distribuidos por toda la costa vasca, con niveles de riesgo que varían según la localización y las características de cada tramo.

La playa de la Zurriola, en San Sebastián, presenta riesgo «alto» de retroceso de entre 10 y 20 metros. Hondarribia registra un riesgo calificado como «muy alto». Irun, Deba y Orio afrontan elevado riesgo de inundación. El caso más extremo es Gaztetape, en Getaria, donde el informe apunta a la posibilidad de desaparición completa.

Detrás de esa vulnerabilidad hay factores estructurales. El 32% de la población vasca vive concentrada en apenas el 18% del territorio, lo que genera una presión humana muy alta sobre una franja costera ya sometida a una dinámica marina especialmente energética. Las mareas en esta costa superan los 4,80 metros, un rango que amplifica el efecto de los temporales sobre los arenales y multiplica el potencial de daño de cada episodio.

La planta de Sasieta y el bloqueo de Laga, dos síntomas del mismo problema

El informe de Greenpeace apunta también a dos casos que ilustran la tensión entre intereses económicos y recuperación natural del litoral.

El primero es la planta cementera de Sasieta, en Deba. La instalación sigue operando pese a contar con una sentencia firme de demolición dictada en 2014 y a estar situada en una zona de servidumbre de protección costera. Más de una década después de esa resolución judicial, la planta permanece en pie.

El segundo caso es la playa de Laga, en Urdaibai. Existe un proyecto de renaturalización del arenal, pero está paralizado. La causa es una priorización de usos que colocó el aparcamiento por encima de la recuperación del espacio natural. Dos casos distintos, un mismo patrón: la gestión del litoral cede ante presiones que no son las del propio ecosistema.

El calentamiento del Cantábrico reduce las especies clave del fondo marino

La erosión del arenal visible es solo una parte del cuadro. El calentamiento del mar Cantábrico está afectando al ecosistema marino en profundidad. Especies clave como la merluza y el bocarte están reduciendo su tamaño como respuesta al estrés térmico y a la menor disponibilidad de oxígeno en el agua. Proyectos de acuicultura previstos en Lemoiz y Getaria podrían agravar ese desequilibrio en los fondos marinos, según el informe.

Es en ese contexto donde Petrovska observa el desplazamiento de hábitos que acompaña a la contracción del arenal. Cuando el espacio de playa disponible se reduce, una parte del tiempo libre de algunos aficionados se traslada al ocio digital. Petrovska señala que las Predicciones de Smart Betting Guide captan una porción de esa atención entre quienes siguen el deporte durante sus estancias en la costa, un fenómeno que describe como externo y observable, no como práctica propia.

“A medida que la playa se encoge, el ocio se redistribuye. Parte de ese tiempo acaba en pantallas, y el seguimiento deportivo digital es uno de los destinos más habituales entre quienes buscan entretenimiento sin depender del espacio físico.”

La advertencia de Greenpeace regresa al mismo punto de partida. Si la estrategia de estructuras rígidas no cambia, Zarautz perderá una parte sustancial de su superficie antes de 2050. El modelo de protección del litoral vasco, basado durante décadas en el hormigón, enfrenta una prueba para la que los costes ya acumulados, tanto económicos como ambientales, ofrecen una respuesta inequívoca.