Irun ha amanecido inmerso en sus SanMarciales

Los vecinos de Irun celebran ya del día de San Marcial. El rojo, el blanco y el negro visten la ciudad.

Como es tradición, el día ha arrancado a las 4.00 horas, con el sonido de la Alborada. Y ya a las 6.00 horas las bandas de música de los alardes tradicional y mixto han interpretado la Diana.

Irun dedica esta fiesta al Santo titular de la Ermita de San Marcial. Alarde de Armas hasta la ermita para celebrar una animada romería.

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Desde la Edad Media, merced a los fueros que detentaba el País Vasco, cada pueblo tenía la facultad y la obligación de organizarse militarmente, formando parte de sus milicias forales todos los varones en edades comprendidas entre los 18 y los 60 años. Para acudir en defensa del territorio debían estar preparados militarmente y tener dispuesto su armamento para cuando su concurso fuera requerido; a tal fin, periódicamente y en fechas señaladas, tenían que acudir los varones con sus armas a la convocatoria para adiestrarse en su manejo y participar en el alarde o desfile que se celebraba.

En 1522, a causa de la invasión de tropas francesas, la milicia irunesa se aprestó a combatir contra el enemigo, en defensa de sus propios intereses, acudiendo a la llamada del Capitán General de Guipúzcoa; así el 30 de junio, día de San Marcial, merced a su valor y arrojo y a la astucia de mujeres, ancianos y niños que distrajeron con antorchas la atención de la tropa enemiga, que pensaba era atacada por un lado, cuando en realidad se trataba de un ataque sorpresa por la retaguardia, se logró una resonada victoria.

Para conmemorar tal hazaña y dar gracias al Todopoderoso, los cabildos secular y eclesiástico hicieron voto de acudir cada 30 de junio en procesión al monte San Marcial –anteriormente peña Aldabe- donde años más tarde se erigiría una ermita en honor del santo de ese día.

Así se repitió a lo largo de los siglos, celebrándose el alarde de armas el día de San Pedro, 29 de junio, y al día siguiente la procesión de San Marcial.

En 1881, queriendo dar más realce a la fiesta y aunar los dos acontecimientos, se inicia una nueva etapa del alarde de San Marcial, uniéndose procesión y alarde en un mismo día.

El Alarde, bajo el mando de un general, está compuesto por diferentes compañías perfectamente uniformadas. Por el número de componentes destacan las de infantería, que componen la masa del desfile, uniformados con boina, fajín, corbata y pañuelo rojos, camisa y pantalón blancos, chaqueta negra y alpargatas blancas con cintas negras; la mayoría de los soldados de estas compañías desfilan con escopeta al hombro, mientras que otros lo hacen tocando el pífano o el tambor.

Otros cuerpos especiales, con una indumentaria más variada y colorista, según a qué cuerpo pertenezcan, son la tamborrada, artillería, caballería, hacheros y banda de música, aunque dentro de cada grupo también están perfectamente uniformados.
Entre las marchas que se ejecutan el día de San Marcial, figuran la Alborada, la Diana de Villarrobledo, Fajina, Diana de la Tamborrada, Descarga, Arrancada, Theiro, Joló, Subida de la Iglesia, Rataplán y el Himno de San Marcial.

Los instantes más emotivos de la fiesta tienen lugar cuando, a las seis en punto de la mañana, la banda de música inicia los sones de la Diana de Villarrobledo en la plaza San Juan Harria y todos los allí congregados prorrumpen en un grito de júbilo al tiempo que saltan al ritmo de la música. El otro momento cumbre es la arrancada o inicio del desfile en la plaza de Urdanibia.

El rompan filas de la tarde, al finalizar el Alarde, supone una mezcla de sentimientos encontrados pues, mientras se siente la felicidad de ver que todo ha transcurrido como estaba previsto y un año más se ha cumplido con el voto centenario, la tristeza por algo que se acaba se puede apreciar en los rostros de muchos iruneses.
Hasta hace pocos años San Marcial sólo era uno; pero en los últimos años, cuando los días de festejo se han ido ampliando, ya no se habla de San Marcial sino de los Sanmarciales, que comprenden los días precedentes y posteriores al 30 de junio. Ese día el olor a pólvora inunda todo Irun.