La mayoría de las personas de 50 y más años en Bizkaia vive esta etapa vital con buena salud percibida, tienen relaciones sociales sólidas, participan activamente y tienen una elevada satisfacción con la vida. Así lo refleja la Encuesta de Necesidades Sociales de las Personas de 50 y Más Años de Bizkaia, presentada hoy por la diputada foral de Acción Social, Amaia Antxustegi. Tal y como ha subrayado la diputada foral, este estudio no es solo una descripción de la realidad, sino una herramienta estratégica para orientar la acción pública de la Diputación Foral de Bizkaia. “Situar a las personas en el centro, anticiparnos a los cambios demográficos y responder con rigor a las necesidades reales de la ciudadanía” es, ha asegurado, el compromiso de la institución.
El estudio, realizado a partir de 3.000 entrevistas domiciliarias a personas de 50 y más años del territorio, ofrece una radiografía amplia y rigurosa sobre cómo vive y cómo afronta el futuro este amplio colectivo, que representa ya casi la mitad de la población de Bizkaia. “Estamos, por tanto, ante un trabajo ambicioso, sólido y muy exhaustivo, basado en una muestra amplia y cuidadosamente diseñada, que nos permite contar con resultados altamente fiables y representativos”, ha señalado Antxustegi.
Con el fin de profundizar en el análisis de los resultados, la Diputación Foral de Bizkaia ha encargado a un amplio grupo de expertas y expertos de reconocido prestigio el estudio detallado de los datos de la encuesta. Fruto de este trabajo colectivo es el libro que verá la luz el próximo 7 de mayo, y que será presentado en el Nagusi Intelligence Center (NIC). La presentación realizada hoy ofrece un primer acercamiento a las principales reflexiones recogidas en esta publicación, que amplía y contextualiza los resultados del estudio. Ese mismo día, el NIC acogerá un encuentro abierto para compartir este trabajo, fomentar el diálogo y seguir construyendo conocimiento de manera colectiva en torno al envejecimiento en Bizkaia.
Envejecimiento con valor
Los resultados de la encuesta muestran que el envejecimiento en Bizkaia se desarrolla, mayoritariamente, en condiciones de bienestar, actividad y cohesión social. El 72% de las personas encuestadas valora su salud como buena o muy buena; el 85% considera que su vida tiene sentido y casi tres de cada cuatro afronta el día a día con ilusión. Las relaciones sociales se mantienen como un eje central del bienestar: el 92% tiene amistades y más de tres cuartas partes mantiene vínculos familiares cercanos. Además, el 69% forma parte de redes comunitarias informales de apoyo, y se constata una elevada participación en actividades de ocio, cultura, viajes y uso de tecnologías digitales.
La encuesta también ha abordado la situación económica y revela que, aunque el presente se percibe mayoritariamente como estable (el 76% llega a fin de mes con pocas o ninguna dificultad), existe una preocupación clara por el futuro, especialmente en relación con las pensiones y el impacto de la jubilación. El 65% de las personas encuestadas se declara bastante o muy preocupada por el futuro de las pensiones, porcentaje que asciende al 74% entre la población activa. Más de la mitad considera necesario disponer de un plan de pensiones complementario, y una parte relevante anticipa un posible empeoramiento de su salud o situación económica tras la jubilación.
La encuesta señala que el envejecimiento no es homogéneo y que las desigualdades se intensifican en las edades más avanzadas. A partir de los 80 años se concentran con mayor fuerza situaciones de soledad, dependencia, pérdida de movilidad y brecha digital. El 43% de las personas de 80 y más años vive sola, el 20% no tiene amistades y cuatro de cada diez valora su salud como regular o mala. Estos datos subrayan la necesidad de combinar políticas universales con respuestas específicas, ajustadas a los momentos de mayor vulnerabilidad. “Este dato es clave, porque nos recuerda que las políticas universales deben convivir con respuestas específicas, ajustadas a los momentos de mayor vulnerabilidad, y que debemos actuar antes de que la fragilidad se cronifique”, ha avanzado Antxustegi.
El estudio confirma que el hogar sigue siendo el eje del proyecto de vida también para las personas de 50 años o más. Permanecer en casa el mayor tiempo posible es el deseo mayoritario: el 74% preferiría seguir viviendo en su propio domicilio incluso en caso de dependencia, y cerca del 90% se declara satisfecho con su barrio o entorno. No obstante, el estudio advierte de dificultades reales para hacer efectivo ese deseo en algunas ocasiones, como la existencia de barreras arquitectónicas, viviendas no adaptadas o la pérdida de movilidad… Un 14% vive en edificios sin ascensor y el 31% en inmuebles con escaleras no adaptadas, una situación que se agrava con la edad. En este sentido, la diputada foral ha explicado que “como institución, tenemos un reto claro: reforzar las ayudas domiciliarias, cuidar el entorno comunitario y ofrecer alternativas residenciales flexibles para que las personas puedan elegir y sostener proyectos vitales diversos”.
Los datos arrojan también información relevante sobre la digitalización. Aunque su uso avanza de forma significativa entre las personas mayores (el 82% ha utilizado internet en el último año y el uso del smartphone está ampliamente extendido), la brecha digital persiste en las edades más avanzadas, especialmente para la realización de gestiones clave. Entre las personas de 80 y más años, solo el 25% puede pedir cita médica online y apenas el 10% realizar solicitudes de ayudas por internet. De hecho, dos de cada tres personas prefieren la atención presencial, aunque una mayoría (59%) expresa interés en mejorar sus competencias digitales. Por ello, “avanzar en la digitalización no puede significar excluir. Debemos mantener y reforzar la atención presencial, haciendo de la tecnología una herramienta de autonomía y no una nueva barrera”, ha indicado.
Por último, la encuesta muestra que la vejez se percibe mayoritariamente como una etapa neutra o positiva, especialmente entre las personas de más edad, y que existe un amplio consenso social sobre el valor y la experiencia que aportan las personas mayores. No obstante, persisten miedos estructurales vinculados al deterioro de la salud, la dependencia, el temor a convertirse en una carga o a no ser tenido en cuenta, así como experiencias de discriminación por edad.





























