La Diputación Foral de Gipuzkoa ha expuesto las conclusiones del informe internacional ASCOT, una evaluación científica que desvela cómo transforman los cuidados el día a día de la población de edad avanzada con dependencia. El documento radiografía la situación de más de 3.000 usuarios del territorio, examinando parámetros como la autonomía o el bienestar emocional tanto en el entorno residencial como en la asistencia domiciliaria.
La diputada general, Eider Mendoza, ha encabezado la comparecencia para desglosar el rumbo estratégico que marcan estas evidencias. Mendoza ha remarcado que el avance en el bienestar de los usuarios “no depende solo” de ampliar el catálogo de prestaciones materiales, sino de asegurar que la atención sea “personalizada, continua y respetuosa con las preferencias de las personas mayores, y si favorecen los vínculos comunitarios”. La máxima responsable foral ha hecho hincapié en que esta visión refrenda “plenamente” la hoja de ruta que se ejecuta en el territorio, definida por “una transición decidida hacia un modelo de cuidados más personalizado, estrechamente ligado a la comunidad e innovador”.
En su intervención, la mandataria ha defendido que fiscalizar y cuantificar los resultados del sistema resulta vital para “dar un salto determinante” en la evolución de los servicios públicos. Con este propósito de mejora continua, Eider Mendoza ha calificado como “imprescindible y muy relevante” el nacimiento de Agentzia, una ventanilla de evaluación e inspección independiente centrada en la calidad de las políticas sociales de Gipuzkoa, cuya presentación sectorial se celebrará a principios de septiembre en Tabakalera.
La investigación concluye que el 74,5% de las personas institucionalizadas y el 57,4% de quienes reciben soporte en su hogar disfrutan de un buen estándar diario. Los datos demuestran que la escala de los centros o las fórmulas de gestión no condicionan la percepción del usuario, mientras que el respeto a la voluntad propia, el fomento de salidas al exterior y el mantenimiento de redes de apoyo sólidas elevan de forma matemática los índices de felicidad y seguridad de los mayores.




























